Aparecer en Google no es una sola cosa: son tres etapas, y atascarse en cualquiera de ellas produce el mismo síntoma: el sitio existe y nadie lo encuentra. Conviene saber en cuál te atascaste.
Etapa 1: ser descubierto
A Google nadie le avisa cuando un sitio entra en línea. Descubre sitios siguiendo enlaces de sitios que ya conoce, o por el sitemap enviado en Search Console.
Un sitio nuevo, sin ningún enlace que apunte a él, puede tardar mucho tiempo en ser encontrado, o no serlo nunca. Ese es el primer bloqueo, y el más común.
Para desbloquearlo: registra el sitio en Google Search Console y consigue que algún sitio ya conocido apunte al tuyo. Es exactamente lo que ocurre cuando tu anuncio se publica en una red de buscadores como Magneth.
Etapa 2: ser entendido
Una vez descubierto el sitio, Google necesita saber de qué trata. Lee el título de cada página, los subtítulos y el texto.
Aquí es donde la mayoría de los sitios se sabotea. Una página llamada "Inicio", "Servicios" o "Productos" no dice nada. Una página llamada "Reparación de portátiles en Valencia" lo dice todo. Cambiar los títulos de las páginas por lo que la gente realmente escribe es el cambio de mayor retorno que existe, y es gratis.
Etapa 3: ser juzgado digno de aparecer
Decenas de sitios tratan el mismo tema que tú. Google elige entre ellos, y uno de los criterios más antiguos y estables es cuántos otros sitios apuntan al tuyo: los backlinks.
La lógica es simple: si mucha gente te cita, probablemente vales algo.
Cuánto tarda
- ser descubierto: días o unas pocas semanas, si hay algún enlace que apunte a ti;
- aparecer por tu propio nombre: normalmente justo después;
- aparecer en búsquedas disputadas: semanas o meses.
Quien promete la primera página en una semana está vendiendo otra cosa.
Lo que no ayuda
Pagar por ser "registrado en 5.000 buscadores" que no tienen relación con tu ramo. Llenar la página con la misma palabra repetida. Comprar enlaces al por mayor. Los tres son patrones conocidos y ninguno engaña ya a nadie.