Instagram es visual, y una tienda es visual: la combinación parece perfecta. Y es buena, con una salvedad que decide el futuro del negocio: la plataforma controla cuánta gente ve lo que publicas.
Empieza con perfil de empresa
Es gratis, desbloquea datos de alcance, botón de contacto y el campo de sitio web. Rellena ese campo con la dirección de la tienda, no con un agregador: cada intermediario es un clic más y una oportunidad más de abandono.
Muestra el producto en uso
La foto de catálogo sobre fondo blanco vende en la web. En el feed, lo que detiene el dedo es el producto en la vida real: usándose, puesto, montado, en la mano de alguien.
Llévalos fuera
El objetivo de toda publicación es sacar a la persona de ahí. Di dónde comprar, en voz alta y por escrito. Parece obvio y es lo que más falta.
Etiquetado de productos
Donde esté disponible para tu cuenta, etiquetar productos acorta bastante el camino hasta la compra. Merece la pena configurarlo.
Por qué no depender solo de él
Quien vio tu publicación no estaba buscando comprar: se detuvo por casualidad. Quien escribe el nombre del producto en la búsqueda ya tiene la intención. Son dos visitas de calidad muy distinta.
Una tienda que existe solo en Instagram queda rehén de una decisión de alcance que no controla. Tener la tienda localizable en la búsqueda, con sitios apuntando a ella, como hace la red de Magneth, es lo que da independencia.
El camino completo está en cómo promocionar mi tienda online.